Juana Manso sobre la inteligencia de la mujer

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Feminista incansable, fundadora del reconocido semanario Álbum de Señoritas, Juana Paula Manso nació el 26 de junio de 1819, en plena época de guerras revolucionarias en los territorios sudamericanos.

 

 Hija de un agrimensor español radicado en Buenos Aires en 1799, partidario de la revolución y luego fiel rivadaviano, en 1826, Juana fue inscripta en la escuela porteña para niñas de Monserrat, que regenteaba entonces la Sociedad de Beneficencia.

Hacia 1840, la familia Manso fue una de las tantas exiliadas del periplo rosista. Afincados en Montevideo, Juana comenzó a dar clases de francés y castellano para aportar a los ingresos familiares, hasta que se animó a abrir en su casa el “Ateneo de Señoritas”, una escuela privada para las niñas de elite. Por entonces, también comenzó a publicar sus primeros poemas en periódicos antirosistas como El Nacional y El Constitucional, aunque firmados bajo el seudónimo de Mujer Poeta.

Más tarde, la familia Manso debió emigrar a Río de Janeiro, donde Juana conoció al violinista portugués Francisco de Saá Noronha, con quien se casó en 1844 y tendría dos hijas. La familia probó suerte en Estados Unidos y en Cuba, pero debió regresar al Brasil. Si bien fue un fracaso económico, en otro aspecto, Francisco logró dar algunos conciertos y Juana se interesó notablemente en el sistema educativo norteamericano.

Estando en Brasil nuevamente, Juana comenzó a escribir novelas y obras teatrales y a difundirlas a través de su nuevo Jornal das Senhoras, fundado en 1851. Entre sus escritos, se encontraba Los misterios del Plata, en el que intentaba describir el “misterio” del rosismo. En su periódico, la emancipación de la mujer, el rechazo al esclavismo y la educación son algunos de los principales temas tratados.

Hacia fines de la década de 1850, ya derrotado Rosas, Juana Manso, con más de treinta años y separada de su esposo, quien la abandonó tras la muerte del señor Manso, regresa a Buenos Aires, decidida a emprender en la ciudad del plata las mismas actividades culturales y educativas que había desarrollado en sus otros destinos. Es así que nace la idea del Album de Señoritas, un semanario feminista, educativo y anticlerical, el cual, no obstante lo novedoso de la idea, no iba a tener demasiado éxito.

En 1859, el escritor José Mármol la presentaría a Domingo F. Sarmiento, quien la promovería a directora de la Escuela Normal Mixta Nº1, en el barrio de Monserrat. Al poco tiempo, se hizo cargo de los Anales de la Educación Común, órgano creado por Sarmiento para difundir su política educativa. Manso difundía ideas de avanzada, apelando a la reflexión educativa en contra de la pedagogía del castigo. Mientras tanto, se dedicó a traducir obras que le pedía Sarmiento, a realizar obras de difusión cultural y a seguir escribiendo. Entre otros textos, en 1962 redactó el Compendio de historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un manual para difundir en las escuelas.

Con Sarmiento como interventor en San Juan, debió combatir sola, desde los Anales, contra los prejuicios de la época, para sostener la idea de la educación mixta, tarea que se hizo más cuesta arriba cuando se convirtió al anglicanismo. La escuela mixta fracasaba y ella, ya considerada “la loca”, presentaba su renuncia. En conferencia o debate en el que estuviese, era abucheada e insultada, por el pecado de animarse a desarmar la muralla de conservadurismo de la sociedad de época.

Pero tendría revancha. La nueva oportunidad se presentaba con la llegada de Sarmiento a la presidencia, en 1868. Fue la primera mujer vocal del Departamento de Escuelas y luego de la Comisión Nacional de Escuelas, fundó más de 30 escuelas e introdujo el inglés y los concursos de méritos.

 

Cansada de tanta batalla, fallecería con apenas 55 años, el 24 de abril de 1875. La recordamos con una frase de su sello: la defensa de la mujer: 

«Quiero probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo o un defecto, un crimen o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica. La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos,  sus códigos; por consiguiente, ha reservado toda la supremacía para sí; el círculo que traza en derredor de la mujer es estrecho inultrapasable (sic), lo que en ella clasifica de crimen, en él lo atribuye a la debilidad humana; de manera que, aislada la mujer en medio de su propia familia, de aquella de que dios la hizo parte integrante, segregada de todas las cuestiones vitales de la  humanidad por considerarse la fracción más débil, son con todo obligadas a ser ellas las fuertes y ellos en punto a tentaciones, son la fragilidad individualizada en el hombre.»